Allí él mirándola fijamente. Volvía a llorar con una mezcla familiar de emoción contenida y tristeza amarga, volvía a llorar y todo se acababa poco a poco. Alli él, buscando respuestas.
Recuerdo que me conmovió tanto que no le pude mirar a los ojos, recuerdo que se me resbalaron sin querer un par de lagrimas.
A quinientos mil años luz de aquellos recuerdos imborrables veo todavía en sueños, la sombra del fantasma en aquellas paredes desgastadas, la luz de sus grandes ojos azules, y sus sonrisas cálidas, embaucadoras quizás, persiguiéndome a cada paso, a cada segundo, y hay noches, en las que todavía no puedo huir.
Uno nunca sabe que el mejor día de su vida va a ser el mejor,y por mucho que repase en su cabeza, milimétricamente, como podría haberlo disfrutado más, nunca hay vuelta atrás. Es una crueldad que el destino les reserva a aquellos que andan siempre espereando algo mejor, fue una crueldad absoluta sin duda para mi.
A cada instante allí pasaba una vida, todo cambiaba, todo volvía a su sitio, maldito ritmo vertiginoso que no te dejaba pensar, sólo vivir, sólo soñar, arrastrado por una fuerza mucho más mágica que real que te descubría a ti mismo al borde del abismo, al límite de tus posibilidades. Tú y tus fuerzas, tú desnudo, expuesto, juzgado, tú volviendo a ser quién solías ser, ni más ni menos, tú tan tú.
No había días, sólo momentos.
La lógica en los actos y el corazón ardiendo.
Poder describir aquello sería sólo un burdo intento de robar un trozo de magia al encanto que habita en sus paredes, poderlo describir, sin duda, me haría rebanar una pequeña pieza del recuerdo global que guardo, que si bien ahora ya es más ideal que real, me gusta tal y como está, tan lleno de felicidad, cariño y energía, tan leno de ellos.
Si pudiésemos entenderlo, dejaría de ser especial.
No tiene ningún secreto saber que aquel castillo me devolvió mucho más de lo que le ofrecí, que aquel verano, aquellas personas, me trajeron de vuelta muchos más sentimientos de los que podría imaginar, me revolvieron tanto, me encontraron tanto, que todavía hoy en día me descubro pensándolos, echándolo de menos.
¿Te acuerdas cuando nos mirábamos y creíamos que todo era posible? El futuro brotaba en las pupilas del otro, tan ávidas de superación, de crear lo imposible...tan decididos a parar el tiempo en cualquier instante.
Muy pocas corazas resisten el golpe de un abrazo en condiciones, eso parecían querer decirme, tan increibles, tan diferentes que sólo un lugar así podría acogerlos y comprenderlos tan bien. No pertenecían a aquel lugar, eran su esencia, su magia, su espiritu.
El mundo desmoronándose y tu y yo allí, hablando del frío. El mundo, más lejano que nunca.
Allí ella mirando al cielo, creyéndose, por una vez, que aquello sería para siempre.
martes, 19 de febrero de 2013
sábado, 13 de octubre de 2012
Un año, una vida, y un par de copas
Un año, una vida, y un par de copas.
Ojos negros piel canela fue así, por qué es todo lo que hábía deseado ser siempre, tan distinta o tan parecida que no pudiese reprocharme a la cara que no era yo misma.
Ojos negros piel canela es un grito desesperado, era un desgarro velado de emoción y un tesoro que pretendía declarar al mundo una guerra tras la cual su autora podría refugiarse sin complejos, crecer y descubrir que más allá de la realidad, hace falta valor para ser distinto y querer serlo.
Un año, una vida, y un par de copas, en el que han desfilado por mi vida tantas experiencias, todas y cada una tan mías, tan parte de un todo que ahora me resulta tan irreal, tan parte de un sueño irreverente que vuelve una y otra vez a recordarme que nada es para siempre.
No siento nada.
Vuelvo a escribir y me siento tan lejos de mi misma que siento miedo, se resvalan ante mi palabras y sentimientos efímeros que ya no significan nada, sigo sin sentir nada, me aterra pensar que esto vya a ser así siempre.
Lo dejo, se avecina tormenta, y las estrellas parecen brillar hoy más que nunca.
Prometeme que volverás, cueste lo que cueste debes volver.
lunes, 15 de agosto de 2011
A él.
He invertido tiempo, mucho tiempo en convencerme que podría arrancar unas cuantas palabras sentidas de mi alma y construir algo, más o menos veraz y cercano a lo que él se merece, aún así volvería a empezar una y otra vez convencida de que nunca lo conseguiría.
Uno acepta los retos por orgullo propio. Uno no desea lo fácil, desea lo importante, lo ambicioso, aquello que no puede alcanzar o hacer. Y en este caso escribir sobre él, era casi a partes iguales un reto y un deseo.
Un reto porque no es fácil explicar brevemente que me une a él, quién es él, y lo que significa para mi.
Un deseo con cierto peligro, porque al definir algo que se siente, uno lo límita, lo expone y espera el juicio del resto, que la mayoría de las veces suele ser tan equivocado como sus propias palabras para definirlo.
Hace falta valor para decir te echaré de menos, para decirlo al menos sabiendo que lo harás cada uno de los días que falte a tu lado, hace falta generosidad para saber dejar ir en cada momento algo que queremos, porque no echamos de menos a las personas que queremos, lo que echamos de menos es la parte de nosotros que se llevan con ellos.
Él se había convertido para ellos, mis amigos, en pieza imprescindible de aquel círculo casi mágico que habían creado en torno al echo de pertenecer a un todo , a un colegio, al Jaime del amo.
Me acuerdo que cuando conocí aquello, cuando tanteé aquel espíritu colegial tan ferviente me asusté, lo compartían todo y eso a mis años asustaba, un estilo de vida, una forma de entenderla, noches turbias, días lúcidos, todos con todos, unidos por algo que no acertaba a comprender, pero así eran ellos me repetían, y así poco a poco empecé a quererlos como tal, porque a ellos no les hacía falta cambiar, se tenían los unos a los otros, por si algo fallaba, o por si todo iba bien. Y aunque nunca llegará a ser parte de nada o de su todo, los consideraba gente importante porque fui entendiendo lo que les unía, lo que me unía a mi también.
En lo concreto, él es, alguien especial, difícil de definir incluso cuando te parece conocerlo, te sorprende, te ríes y vuelves a empezar, te das cuenta que te queda mucho por saber de él, te das cuenta que quieres seguir sabiendo, y se suceden las ocasiones especiales, las grandes risas, las grandes fiestas, los largos paseos, y sin pensarlo, sin darte cuenta, te das cuenta de que es imposible que olvides esa vieja sonrisa.
Suena cursi, aburrido, propio de una quinceañera ñoña, lo sé y soy consciente, pero no puedo escribirlo mejor que recordando los mejores momentos, emocionándome aquellas veces en las que seguí conociéndole , por que al fin y al cabo las grandes emociones no necesitan de grandes palabras, con las viejas y simples, es suficiente.
Por eso termino así sencillamente, dedicándole a él, a mi querido amigo Chusin, estas burdas palabras, que si bien no definen un sentimiento con claridad meridiana, sirven de recuerdo, de promesa, o de algo parecido a un te quiero mucho y te echaré de menos este año por Madrid.
Eso fue lo último que deseé la última vez que le vi, que le abracé y cerré los ojos, que fuese jodidamente feliz.
Uno acepta los retos por orgullo propio. Uno no desea lo fácil, desea lo importante, lo ambicioso, aquello que no puede alcanzar o hacer. Y en este caso escribir sobre él, era casi a partes iguales un reto y un deseo.
Un reto porque no es fácil explicar brevemente que me une a él, quién es él, y lo que significa para mi.
Un deseo con cierto peligro, porque al definir algo que se siente, uno lo límita, lo expone y espera el juicio del resto, que la mayoría de las veces suele ser tan equivocado como sus propias palabras para definirlo.
Hace falta valor para decir te echaré de menos, para decirlo al menos sabiendo que lo harás cada uno de los días que falte a tu lado, hace falta generosidad para saber dejar ir en cada momento algo que queremos, porque no echamos de menos a las personas que queremos, lo que echamos de menos es la parte de nosotros que se llevan con ellos.
Él se había convertido para ellos, mis amigos, en pieza imprescindible de aquel círculo casi mágico que habían creado en torno al echo de pertenecer a un todo , a un colegio, al Jaime del amo.
Me acuerdo que cuando conocí aquello, cuando tanteé aquel espíritu colegial tan ferviente me asusté, lo compartían todo y eso a mis años asustaba, un estilo de vida, una forma de entenderla, noches turbias, días lúcidos, todos con todos, unidos por algo que no acertaba a comprender, pero así eran ellos me repetían, y así poco a poco empecé a quererlos como tal, porque a ellos no les hacía falta cambiar, se tenían los unos a los otros, por si algo fallaba, o por si todo iba bien. Y aunque nunca llegará a ser parte de nada o de su todo, los consideraba gente importante porque fui entendiendo lo que les unía, lo que me unía a mi también.
En lo concreto, él es, alguien especial, difícil de definir incluso cuando te parece conocerlo, te sorprende, te ríes y vuelves a empezar, te das cuenta que te queda mucho por saber de él, te das cuenta que quieres seguir sabiendo, y se suceden las ocasiones especiales, las grandes risas, las grandes fiestas, los largos paseos, y sin pensarlo, sin darte cuenta, te das cuenta de que es imposible que olvides esa vieja sonrisa.
Suena cursi, aburrido, propio de una quinceañera ñoña, lo sé y soy consciente, pero no puedo escribirlo mejor que recordando los mejores momentos, emocionándome aquellas veces en las que seguí conociéndole , por que al fin y al cabo las grandes emociones no necesitan de grandes palabras, con las viejas y simples, es suficiente.
Por eso termino así sencillamente, dedicándole a él, a mi querido amigo Chusin, estas burdas palabras, que si bien no definen un sentimiento con claridad meridiana, sirven de recuerdo, de promesa, o de algo parecido a un te quiero mucho y te echaré de menos este año por Madrid.
Eso fue lo último que deseé la última vez que le vi, que le abracé y cerré los ojos, que fuese jodidamente feliz.
martes, 7 de junio de 2011
Volver.
Quien busca y no encuentra, definitivamente buscó mal.
Es decir, me busqué mal, lo busqué mal, es bueno admitir errores.
Pensé y creí que mi vida lejos de las letras compartidas, desgarradas de sentimientos, sería más feliz, al menos más ignorante.
Equivoque rumbó y pido perdón, huir no es nunca una opción.
Huir, para volver a encontrar el silencio mundanal de aquellos que avanzan y recorren solos trechos vacios, llenos de nada, sin saber si su camino tuvo algún sentido.
Estuve perdida, me encontré. Tuve que buscar entre las cenizas y recordar la esencia y la ciencia que me hacen ser yo y no otra, tuve que renacer, y eso señores me llevó tiempo y esfuerzo.
Es un proceso ardúo un renacimiento como tal. Cuando uno huye de algo, es porque evita cruzarse de frente con sus miedos y limitaciones, les mira a la cara y les deja crecer, recorre su vida pensando que sería un error reconocer que uno también es mortal e invencible, uno se cree poderoso y se va alimentando de sus propias mentiras, uno se hunde y mira a sus miedos ya desde abajo, como si fuesen gigantes.
Por suerte, renacer es un ciclo que también implica salir lo suficientemente reforzada como para entender, que el tiempo esta ahí para devolverte la jugada, y que ni siquiera en la ignorancia la vida es perfecta.
Por eso ahora, a la luz de mis nuevas metas, creo en el fondo, que he perdido algo en el proceso, que me cuesta escribir por que por un tiempo viví convencida que era eso, con lo que era feliz, lo que me estaba destruyendo.
Cuando no protegemos nuestra alma, la abrimos y exponemos simplemente, corremos un riesgo brutal de que el daño al urgar en ella sea mayor, dicen que el que arriesga mucho pierde más, pero el que no arriesga amigos, no tiene nada que perder ni que ganar.
Prometo una vuelta al vicio con ganas renovadas, aún así permitidme que aún ande de puntillas, a pasos torpes, recuperando y remendando heridas, acostumbrándome a reestablecer el rumbo de mi vida hacia alguna parte. Ya me costó encauzar la real, dejarme que encaje mi alma.
Prometo volver amigos para buscar consuelo, pero sobretodo prometo volver y ser feliz con ello.
Es decir, me busqué mal, lo busqué mal, es bueno admitir errores.
Pensé y creí que mi vida lejos de las letras compartidas, desgarradas de sentimientos, sería más feliz, al menos más ignorante.
Equivoque rumbó y pido perdón, huir no es nunca una opción.
Huir, para volver a encontrar el silencio mundanal de aquellos que avanzan y recorren solos trechos vacios, llenos de nada, sin saber si su camino tuvo algún sentido.
Estuve perdida, me encontré. Tuve que buscar entre las cenizas y recordar la esencia y la ciencia que me hacen ser yo y no otra, tuve que renacer, y eso señores me llevó tiempo y esfuerzo.
Es un proceso ardúo un renacimiento como tal. Cuando uno huye de algo, es porque evita cruzarse de frente con sus miedos y limitaciones, les mira a la cara y les deja crecer, recorre su vida pensando que sería un error reconocer que uno también es mortal e invencible, uno se cree poderoso y se va alimentando de sus propias mentiras, uno se hunde y mira a sus miedos ya desde abajo, como si fuesen gigantes.
Por suerte, renacer es un ciclo que también implica salir lo suficientemente reforzada como para entender, que el tiempo esta ahí para devolverte la jugada, y que ni siquiera en la ignorancia la vida es perfecta.
Por eso ahora, a la luz de mis nuevas metas, creo en el fondo, que he perdido algo en el proceso, que me cuesta escribir por que por un tiempo viví convencida que era eso, con lo que era feliz, lo que me estaba destruyendo.
Cuando no protegemos nuestra alma, la abrimos y exponemos simplemente, corremos un riesgo brutal de que el daño al urgar en ella sea mayor, dicen que el que arriesga mucho pierde más, pero el que no arriesga amigos, no tiene nada que perder ni que ganar.
Prometo una vuelta al vicio con ganas renovadas, aún así permitidme que aún ande de puntillas, a pasos torpes, recuperando y remendando heridas, acostumbrándome a reestablecer el rumbo de mi vida hacia alguna parte. Ya me costó encauzar la real, dejarme que encaje mi alma.
Prometo volver amigos para buscar consuelo, pero sobretodo prometo volver y ser feliz con ello.
viernes, 13 de agosto de 2010
...A Porta Gayola
No tengo intención de robarle la idea, ni el blog que espero que ojeéis: http://aportagayola.wordpress.com/, pero me veo obligada a dedicárselo con cariño y haciéndo publicidad de su buen escribir, y buena palabra a una de las personas que más admiración y cariño ha ganado de mi parte este año, y con su permiso tiro de vena torera y guerrera.
Las “buenas”chicas, como me enseño mi padre, cumplen tres reglas de oro: “ Ver, oir y callar con la mejor de las sonrisas”. Dicen que no hay porque querer bien dejémoslo así, a todo el mundo, lo bueno aborrece, y lo malo destruye, a fin de cuentas. Aguanto el tipo las ganas y las fuerzas con dientes apretados, lagrimillas al borde del abismo y un halo de dramatismo teatral.
Los humanos, en toda nuestra perfección, los solemos cometer, están a la orden del día, yo, tú y todos cometemos errores, muchos y variados, y ahí se aferra siempre uno al recurrente “lo siento”, esperando el consuelo de un sincero perdón, o al menos un perdón a secas.
Sin embargo, empiezo a sospechar, no sin cierto pánico, que contra todo prónostico hay gente que se vuelve adicta a la imperfección de ser el “más”, gente insana, difícil, marchita, tracemos ya de una vez la línea del bien y el mal para esas fieras, señores.
Uno lidia a ciegas, con sonrisa y capote en mano con los toros más difíciles, y aún así no pierde la esperanza de hacer de la terrible faena una gran tarde de gloria, de esas de leyenda y puerta grande, pero de vez en cuando, se encuentra de frente ante lo peor de jugársela al todo o nada, se encuentra a lo peor, y cree por un instante que una retirada a tiempo es la mejor de las opciones, que las cornadas no perdonan.
Cornadas que van directas a quemaropa, te hieren, te retuercen las entrañas, y abren sin tregua una brecha profunda que más allá de desangrarte en palabrería barata, te ahoga, te forma un nudo de garganta y por fin, como si de un ciclo vital se tratará y la resurrección te fuera concedida, te hace madurar y resurgir a patadas de tus propias cenizas.
Pero hasta para esto de los toros de calle, los hay con más talento toreando, los hay en todas partes, para todos los gustos, son los individuos de las “verónicas” más soberbias en el ruedo, esos que yo suelo apodar “los líderes”, en su significado más peyorativo, por supuesto, que sólo rinden cuentas a su infinito ego y estima, esos que no conocen la palabra “escrúpulo” ni aunque se la graben con letra de grana y oro en su propio traje de luces, los que miran por encima, y se justifican susurrándote el tópico de: “soy demasiado para ti”, a esos que hasta recordar, te produce un extraño dolor.
Vivir expuesto a estas bestias urbanas, es sólo para aprender a “comer o ser comido”, y eso significa plantarle cara y rebajarte a su nivel de vívoras, esa es la ley de la naturaleza, que no siempre beneficia a los más fuertes, o elegir huir con la rabo entre las piernas, asumiendo que alguna vez también los buenos no son los héroes de la película.
A lo mejor los buenos, acaban reinando en su propia selva, a lo peor, se acaban creyendo que pueden dominarles.
Con cariño, a todos aquellos que se han marcado buenos pases a mi costa, prometo hacer de ello una experiencia productiva.
Las “buenas”chicas, como me enseño mi padre, cumplen tres reglas de oro: “ Ver, oir y callar con la mejor de las sonrisas”. Dicen que no hay porque querer bien dejémoslo así, a todo el mundo, lo bueno aborrece, y lo malo destruye, a fin de cuentas. Aguanto el tipo las ganas y las fuerzas con dientes apretados, lagrimillas al borde del abismo y un halo de dramatismo teatral.
Los humanos, en toda nuestra perfección, los solemos cometer, están a la orden del día, yo, tú y todos cometemos errores, muchos y variados, y ahí se aferra siempre uno al recurrente “lo siento”, esperando el consuelo de un sincero perdón, o al menos un perdón a secas.
Sin embargo, empiezo a sospechar, no sin cierto pánico, que contra todo prónostico hay gente que se vuelve adicta a la imperfección de ser el “más”, gente insana, difícil, marchita, tracemos ya de una vez la línea del bien y el mal para esas fieras, señores.
Uno lidia a ciegas, con sonrisa y capote en mano con los toros más difíciles, y aún así no pierde la esperanza de hacer de la terrible faena una gran tarde de gloria, de esas de leyenda y puerta grande, pero de vez en cuando, se encuentra de frente ante lo peor de jugársela al todo o nada, se encuentra a lo peor, y cree por un instante que una retirada a tiempo es la mejor de las opciones, que las cornadas no perdonan.
Cornadas que van directas a quemaropa, te hieren, te retuercen las entrañas, y abren sin tregua una brecha profunda que más allá de desangrarte en palabrería barata, te ahoga, te forma un nudo de garganta y por fin, como si de un ciclo vital se tratará y la resurrección te fuera concedida, te hace madurar y resurgir a patadas de tus propias cenizas.
Pero hasta para esto de los toros de calle, los hay con más talento toreando, los hay en todas partes, para todos los gustos, son los individuos de las “verónicas” más soberbias en el ruedo, esos que yo suelo apodar “los líderes”, en su significado más peyorativo, por supuesto, que sólo rinden cuentas a su infinito ego y estima, esos que no conocen la palabra “escrúpulo” ni aunque se la graben con letra de grana y oro en su propio traje de luces, los que miran por encima, y se justifican susurrándote el tópico de: “soy demasiado para ti”, a esos que hasta recordar, te produce un extraño dolor.
Vivir expuesto a estas bestias urbanas, es sólo para aprender a “comer o ser comido”, y eso significa plantarle cara y rebajarte a su nivel de vívoras, esa es la ley de la naturaleza, que no siempre beneficia a los más fuertes, o elegir huir con la rabo entre las piernas, asumiendo que alguna vez también los buenos no son los héroes de la película.
A lo mejor los buenos, acaban reinando en su propia selva, a lo peor, se acaban creyendo que pueden dominarles.
Con cariño, a todos aquellos que se han marcado buenos pases a mi costa, prometo hacer de ello una experiencia productiva.
viernes, 30 de julio de 2010
De esos de "Te quiero, te quiero"...
Había prometido continuar hablando de los miserables, sin embargo, creo que se me llenaría la boca repitiendo una y otra vez lo mismo, así que los dejo para conclusiones ajenas, que al fin y al cabo suelen ser las mejores. Tiro de antología barata, y todo sea dicho, porque mientras escucho a Sabina me da por el desgarro y la vena melancólica, esta vez, abusando de vuestro permiso, me voy por bulerías.
Irse por buelerías significa, al menos para mi, dibujar a grandes trazos aquello que guardas en el fondo, a los trapos sucios del alma no se les debe airear, por si a caso, no vaya a ser que en una de esas nos volvamos más mortales de lo que ya somos, pero por una vez, y que no sirva de precedente, tiraré de ello.
Existe una fuerza invisible, valga la cursilería, más allá de cualquier ley física, que nos atrae hacia ciertas personas, no sabría explicar, ni tirando de ciencias ni de letras, por qué establecemos algun tipo de relación con personas de tan distinto calibre, pero de repente nos sorprendemos haciendo amigos en sitios insospechados, riéndonos con desconocidos o besando, simplemente, a gente extraña.
Los vínculos, amigos, van más allá de toda lógica, te atan con paciencia y tesón a esas sonrisas amigas a esas palabras de apoyo, y ya no tienes más remedio que dejarte arrastrar por la corriente y confiar ciegamente en que te llevaran a buen puerto.
Quien no ha tenido un amigo de verano de esos de “te quiero, te quiero”, un amor platónico, o prohibido, no sabe todavía a lo que me refiero.
Te pueden partir cien veces el corazón, que siempre te queda algun trozo para seguir adelante, te pueden traicionar uno tras otro todos tus amigos, que siempre quedará alguien que le “echará huevos”, valga la expresión, por ti.
Esos son los vínculos de los que yo hablo, más reales que místicos, los que te atan a circunstancias que tu no eliges, que te eligen, y que afrontas a ciegas, esperando a que amaine el temporal.
Te convierten en mortal, y la vida se te hace más tangible y fugaz a su lado, son los pequeños detalles, pequeñas sonrisas que van y vienen, en continuo viaje y paso, porque los importantes, en el fondo, son los únicos que amarran a puerto.
A eso me refiero, a que son tan especiales y tienen tanto encanto, por su carácter temporal, es un error pretender retener a tu lado a alguien que no debe estarlo, y de bulerías decía Camarón que: “como el agua, todo fluye y se conecta”, y ellos no entienden de coherencia.
Asi que ahora entiendo que a los hombres y a las mujeres haya que mirarlos desde arriba, con perspectiva, porque siempre te acaban sorprendiendo.
Irse por buelerías significa, al menos para mi, dibujar a grandes trazos aquello que guardas en el fondo, a los trapos sucios del alma no se les debe airear, por si a caso, no vaya a ser que en una de esas nos volvamos más mortales de lo que ya somos, pero por una vez, y que no sirva de precedente, tiraré de ello.
Existe una fuerza invisible, valga la cursilería, más allá de cualquier ley física, que nos atrae hacia ciertas personas, no sabría explicar, ni tirando de ciencias ni de letras, por qué establecemos algun tipo de relación con personas de tan distinto calibre, pero de repente nos sorprendemos haciendo amigos en sitios insospechados, riéndonos con desconocidos o besando, simplemente, a gente extraña.
Los vínculos, amigos, van más allá de toda lógica, te atan con paciencia y tesón a esas sonrisas amigas a esas palabras de apoyo, y ya no tienes más remedio que dejarte arrastrar por la corriente y confiar ciegamente en que te llevaran a buen puerto.
Quien no ha tenido un amigo de verano de esos de “te quiero, te quiero”, un amor platónico, o prohibido, no sabe todavía a lo que me refiero.
Te pueden partir cien veces el corazón, que siempre te queda algun trozo para seguir adelante, te pueden traicionar uno tras otro todos tus amigos, que siempre quedará alguien que le “echará huevos”, valga la expresión, por ti.
Esos son los vínculos de los que yo hablo, más reales que místicos, los que te atan a circunstancias que tu no eliges, que te eligen, y que afrontas a ciegas, esperando a que amaine el temporal.
Te convierten en mortal, y la vida se te hace más tangible y fugaz a su lado, son los pequeños detalles, pequeñas sonrisas que van y vienen, en continuo viaje y paso, porque los importantes, en el fondo, son los únicos que amarran a puerto.
A eso me refiero, a que son tan especiales y tienen tanto encanto, por su carácter temporal, es un error pretender retener a tu lado a alguien que no debe estarlo, y de bulerías decía Camarón que: “como el agua, todo fluye y se conecta”, y ellos no entienden de coherencia.
Asi que ahora entiendo que a los hombres y a las mujeres haya que mirarlos desde arriba, con perspectiva, porque siempre te acaban sorprendiendo.
domingo, 25 de julio de 2010
Los Miserables
A petición popular, o lo que es lo mismo, a petición de un buen amigo y de su 22 cumpleaños, retorno al vicio que ultimamente tenía bastante olvidado por este apacible calor que nubla en exceso mis ganas, e ideas.
Esta vez ando contrariada, más bien pensativa, o simplemente esquiva, dándole vueltas a un concepto que me cautiva en exceso, algo que es fácil que os traiga tantos recuerdos como a mi, al grito de “eres un cobarde”.
“El mundo es de los valientes” y reinvindicamos al instante que nosotros somos de ese bando, poniéndonos por montera valores y principios que hacemos propios como si nada, siendo los verdaderos abanderados del bien que siempre situamos justo un escalón por encima de cualquier miedo o rechazo, por que en ese momento amigos, somos “los invencibles”,”los intocables”.
Pero como el tiempo no es nuestro amigo, y a él como a otros tantos, le encanta dejarnos con “el culo al aire”, nos regala siempre ese eterno segundo para la posteridad en el que te recuerdas entre dientes y con cara de circunstancias que “el cementerio sí que esta lleno de valientes” y reculas con el rabo entre las piernas con un saco de principios por delante y otro tanto de valores por detrás.
Yo no soy valiente, defiendo cuando puedo, en mitad de la avorágime, mis principios, mis valores, o mis sentimientos, pero no me pidan que mire a los ojos de alguien y sea valiente, por que la verdad sólo es una, el odio es demasiado para mirar y sobretodo el amor es siempre razón suficiente para tirar de cobardía y refugiarse apaciblemente en ella, por si, casualidades de la vida, los valientes resultan ser los perdedores de la película.
Por que ojalá y en algun mundo, ser cobardes no valiera la pena y ser valientes nos retribuyera alguna especie de status de superhombres más allá del bien o el mal, aún así empiezo a pensar que va siendo demasiado tarde, ya que estamos tan acostumbrados al fracaso y la comodidad extrema, que parece que ni la valentía ya, en el fondo nos mereciese la pena.
Más bien somos los miserables y ”Santa Rita Rita que me quede como este” y así uno tras otro condenados a una vida sin riesgo, de valientes camuflados entre algodones, enjaulados en una vejez austera, en un mundo sin reyes, sin iniciativa, sin temeridad, somos un rebaño de cobardes que lapidan sin pensarlo a las voces distintas, afrontémoslo de una vez señores, y sigamos al pastor…
Continuará-….
Esta vez ando contrariada, más bien pensativa, o simplemente esquiva, dándole vueltas a un concepto que me cautiva en exceso, algo que es fácil que os traiga tantos recuerdos como a mi, al grito de “eres un cobarde”.
“El mundo es de los valientes” y reinvindicamos al instante que nosotros somos de ese bando, poniéndonos por montera valores y principios que hacemos propios como si nada, siendo los verdaderos abanderados del bien que siempre situamos justo un escalón por encima de cualquier miedo o rechazo, por que en ese momento amigos, somos “los invencibles”,”los intocables”.
Pero como el tiempo no es nuestro amigo, y a él como a otros tantos, le encanta dejarnos con “el culo al aire”, nos regala siempre ese eterno segundo para la posteridad en el que te recuerdas entre dientes y con cara de circunstancias que “el cementerio sí que esta lleno de valientes” y reculas con el rabo entre las piernas con un saco de principios por delante y otro tanto de valores por detrás.
Yo no soy valiente, defiendo cuando puedo, en mitad de la avorágime, mis principios, mis valores, o mis sentimientos, pero no me pidan que mire a los ojos de alguien y sea valiente, por que la verdad sólo es una, el odio es demasiado para mirar y sobretodo el amor es siempre razón suficiente para tirar de cobardía y refugiarse apaciblemente en ella, por si, casualidades de la vida, los valientes resultan ser los perdedores de la película.
Por que ojalá y en algun mundo, ser cobardes no valiera la pena y ser valientes nos retribuyera alguna especie de status de superhombres más allá del bien o el mal, aún así empiezo a pensar que va siendo demasiado tarde, ya que estamos tan acostumbrados al fracaso y la comodidad extrema, que parece que ni la valentía ya, en el fondo nos mereciese la pena.
Más bien somos los miserables y ”Santa Rita Rita que me quede como este” y así uno tras otro condenados a una vida sin riesgo, de valientes camuflados entre algodones, enjaulados en una vejez austera, en un mundo sin reyes, sin iniciativa, sin temeridad, somos un rebaño de cobardes que lapidan sin pensarlo a las voces distintas, afrontémoslo de una vez señores, y sigamos al pastor…
Continuará-….
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